La oscuridad de la noche, las palabras salidas de la pantalla de la tv… todo se confabulaba para que en el aire se entremezcle el anhelo de un amor perdido y las ganas de amar nuevamente.
La magia se despertó con caricias que llevaban tanta ternura que hacían que el temor a volver a sentir aquello que alimenta el alma humana pero que la desgarra al mismo tiempo cuando hemos sido presos del desamor, desaparezca a ratos como el humo de un cigarro prendido por algún experto fumador… iba y venía, salía desde muy dentro y se lanzaba al viento para desaparecer y en una nueva exhalada pasional, nacía nuevamente desde muy dentro del ser. Las palabras debían desaparecer para dejar fluir los sentimientos pero las heridas profundas sangran y racionalizan el sentir.
La noche estrellada regala reflejos de luz. Sus propios ojos mirando directamente a los míos buscaban en mis pupilas la luz de las estrellas y al encontrarlas se convertían en luces que guiaban un camino ya recorrido.
En un exhalo de desesperación sus labios dejaron escapar en lugar de humo, la frase “eres la mujer de mi vida… te amo y no lo puedo ocultar”. El secreto tan mal escondido no retumbó en mis oídos pero cada acción inventada solamente para mí, me envolvía desde hace años. Por fin lo había perdonado. Cuando escuché aquel te amo, mi mente volaba y buscaba en algún rincón escondido de un corazón inexistente, palabras que puedan responder al capítulo romántico que se estaba escribiendo. No las encontré.
Debía mentir en aquel instante y echarme a sus brazos como si nada hubiese sucedido, como si aquel hombre no hubiese sido la causa de la destrucción de mi felicidad. Debía pero no lo hice… mi pequeña parte humana que aún desea sobrevivir no busca mentir, no busca herir, no busca venganza, no busca humillar… por eso callé.
Naturalmente la escena no pudo continuar. Intenté calmar su ego herido, su corazón lastimado que latía indefenso entre mis manos. Estaba herido y un solo contacto imperceptible lo lastimó. Entendí. Me retiré y él hizo lo propio.
Durante una semana no me habló, se alejó de mí sin mirarme a los ojos, se dio la vuelta con una pregunta flotando en el ambiente, una pregunta que no necesitaba una respuesta… pero él debía hacerla, debía ganar tiempo para ver si yo lograba encontrar un abrazo que le impida la huída… una frase que no lo deje ir… un te amo que nunca apareció.
Una semana durante la cual, me hicieron falta sus locuras que siempre logran arrancarme una risotada, me hizo falta su llamado, su buen deseo de que tenga un día feliz, un viaje feliz…
Un corto viaje que no me dejó tiempo para pensar. Solamente me hizo falta su llamada que una vez de regreso, descubrí que no faltó. No sé si por equivocación o por amor, pero llamó, a la hora precisa y el día preciso. Allí lo perdoné nuevamente, no me falló.
Inestable, pesimista. Así me llamó hoy un amigo a quien le comenté mi deseo de regresar al pasado, de regresar a escribir un libro que había dejado inconcluso. La musa de este inicio fue el deseo de dejar un legado a mi hija menor. Un legado que llegue de mis propias manos, contando la historia que para mí es la verdad. Pero sé bien que la verdad es relativa.
Hoy, escribo una nueva página con cuidado de artista, con la musa de la razón, de la paz, de la satisfacción que siento por contar con su amor… de la paz que me brinda el haberlo perdonado por fin. Sí, soy inestable quizá por naturaleza biológica o por la herencia que me dejó la muerte de mi madre, quizá por temor a volver a sentir un dolor gigantesco…
Un día sí y al otro día no… un minuto sí y frente a su muerte el nacimiento de un no. Pesimista quizá por los mismos motivos, me he cansado de buscar el porqué de mis acciones, pensamientos y hasta sentimientos…. mejor dejo de pensar y allí mismo nace la paz.
Miles de mis rechazos fueron las razones para tres de los suyos. Uno más es el inicio a una aceptación. La constancia nos lleva a la victoria. Nunca me ha defraudado, siempre puedo confiar en él. Esa constancia más que sus múltiples insinuaciones y ruegos cuando aún estaba dolida, me llevan a escribir en una página totalmente en blanco.
Los errores de la vida pasada, mi vida pasada, siempre me seguirán, eso es innegable pero hace falta una mujer fuerte como yo para salir triunfadora de ellos.
Se cambian fácilmente los números telefónicos y las direcciones electrónicas. Las casas para arrendar abundan. Los recuerdos positivos se llevan en el alma y supongo que regresan a la mente cuando ya no lastiman. El deseo nace y muere con facilidad. La mente direccionada a un objetivo es fácil de manejar y nunca lleva un rumbo diferente cuando el volante lo lleva una mujer decidida como yo.
Hablar hoy prácticamente con un desconocido me ayudó a establecer las razones claras de la decisión de escribir.
Supongo que llegué a entender que el amor existe siempre y cuando deseemos que exista. La vida no es perfecta pero es hermosa cuando sabemos vivirla. Los hijos no necesitan mentiras sino verdades. Se debe aceptar las propias necesidades sin buscar excusas tontas. Aprender a vivir… eso ha sido difícil. Aprendí a morir… eso fue fácil. Pero vivo irónicamente junto a él, junto a sus palabras locas, junto a su preocupación infinita, junto a sus atenciones disimuladas y aprenderé a vivir gracias a sus caricias propinadas en el alma misma aquella que fue destruida por la desconfianza sin razón, por el temor, por fantasmas que nunca entendí, por las adicciones humanas, por el desamor materno…
Mi alma… mi alma lucha por volver a ser buena, por volver a confiar, por no dejarse inundar por la venganza.
Hablar me ayudó. Hablé con él también y le fui sincera, lo he extrañado, me han hecho falta sus palabras…
No hay propuesta ni aceptación. La vida es larga aunque puede durar un día pero más vale vivirla despacio sin apuros, sin miedo a que se escape rápidamente. Construiré un camino de a poquito, cerrando el paso abrupto a cualquier otro caminante.
Por fin hay objetivos, por fin nacieron los sueños. Hoy sé que fui feliz y deseo volver a serlo. Hoy sé que no he dejado la felicidad y me ha visitado a ratos mientras la seguridad de su compañía está a mi lado. La piel se deslíe por otras manos, no lo puedo negar. Pero aquella felicidad es fugaz, dura segundos y desaparece. ¿No puede acaso volver a nacer la necesidad de caricias frescas de un manantial interminable de aguas cristalinas que salen de finos hilos de agua constante y diferente?
Estoy preparada para otro rechazo. Lo conozco. Su orgullo me ha ganado la batalla tres veces. Esta vez no nacerán las palabras. Esperaré con paciencia a la siguiente propuesta para poder por fin contestar con un sí.
Hoy le escribí. No hubo respuesta. La sutileza de las palabras no pudo expresar aquel sí que deseo pero estoy segura que así es mejor. Tranquilidad
Todo parece tan fácil, leer y escribir es sumamente fácil pero los poros de la piel que respiran por otra persona o en busca de la felicidad eterna y real, no aquella que podemos fabricar con la mente.
Uno o dos mensajes por Internet y la respuesta fue positiva sin haberla siquiera escrito. De pronto aunque lo quise me veo envuelta entre sus brazos delgados que nada más cubren por segundos el alma deshilachada, entre el aroma de cigarrillo que tanto odio, entre su felicidad que opaca por completo la mía.
Un beso no permitido o permitido de algún modo solamente por mi parte física porque el alma voló desde lejos y gracias a ello puedo seguir narrando esta historia que nuevamente no pudo tener un final feliz.
Cinco años o más transcurrieron hasta que por fin las dos partes acepten una unión que es claramente un fraude. Una de ellas desea definitivamente vivir juntos nuevamente para así colocar un ancla fuerte para no huir de aquella situación. La otra no acepta por temor a ser traicionada pues conoce a cabalidad que su amor le corresponde a otra persona.